El rostro en primer plano en el cine de Ingmar Bergman
- Fernando González García Director
- Víctor del Río García Co-director
Defence university: Universidad de Salamanca
Defense date: 15 November 2024
- Fernando Ramos Arenas Chair
- Laura Gómez Vaquero Secretary
- Vicente José Benet Ferrando Committee member
Type: Thesis
Abstract
Si hay un rasgo estilístico que define el cine de Ingmar Bergman es el primer plano del rostro. Nunca ha dejado de filmar los rostros de sus actores para observarlos detenidamente con ávida curiosidad, acercándose a ellos como si quisiera atravesarlos para adentrarse en su más secreta intimidad. Esta tesis se propone demostrar que a Bergman lo mueve un deseo de conocer al ser humano que va más allá de la simple observación del rostro. Como él mismo reconoce, se trata de «atravesar el caparazón hasta llegar a lo esencial», y en el primer plano dirigido al rostro encuentra «una guía directa entre este punto íntimo y la sensación de la parte receptora». «El cine -afirma Bergman- es un medio fantástico con el que tocar a otros seres humanos, de llegar a ellos». Y esto porque las imágenes cinematográficas poseen unas cualidades que, unidas a la capacidad de aproximación del primer plano, permiten transgredir el rostro hasta llegar a establecer un contacto trascendente con el sujeto filmado. Este contacto se fundamenta en el acto empático de ponerse en el lugar del otro porque se quiere pensar y sentir como él, ser él para comprenderlo en profundidad. De ahí que el verdadero conocimiento en el cine de Bergman llegue mediante esa experiencia unitiva tan propia de la mística, algo que su primer plano del rostro está en condiciones de llevar a cabo al establecer un puente psicológico entre ambos lados de la imagen. Pero cuando hablamos de imagen no nos referimos solo a la que nos ofrece el cine, sino también al rostro como la imagen del ser humano. Para Bergman el «cine es rostro» porque ambos operan como umbrales entre los dos espacios contiguos de la representación (el adentro y el afuera). De ahí que en su obra juegue constantemente a cruzar estos límites con la intención de revelar una verdad desconocida. En este sentido, la mejor forma de conocer al ser humano es conociendo la propia representación, porque el suyo es un acto de desenmascaramiento que consiste en mostrar la máscara, un proceso de deconstrucción de la representación -aunque para ello haya tenido que construirla minuciosamente- que aplica al rostro utilizando recursos formales específicamente cinematográficos. Bergman reflexiona sobre la imagen con la imagen para hacer al espectador consciente de la verdadera naturaleza del espectáculo y de sí mismo. Así pues, la obra de Bergman supone una continua búsqueda de respuestas en torno al ser humano y al cine, y para hacer sus preguntas utiliza el primer plano como un recurso formal del cine especialmente apto para conocer al otro filmando su rostro. La extraordinaria alianza entre el rostro y el primer plano salvará el abismo de la representación y del ser humano simultáneamente «hasta llegar a lo esencial».