Lucha de clases y democratización en Centroaméricatrayectorias y legados históricos

  1. Llorente Sánchez, David
unter der Leitung von:
  1. Salvador Martí Puig Doktorvater/Doktormutter

Universität der Verteidigung: Universidad de Salamanca

Fecha de defensa: 24 von Februar von 2014

Gericht:
  1. Joan Font Fàbregas Präsident/in
  2. Fátima García Díez Sekretärin
  3. Joaquim Brugué Vocal
  4. Pedro Ibarra Güell Vocal
  5. Marco Aparicio Wilhelmi Vocal

Art: Dissertation

Zusammenfassung

Centroamérica ha desplegado en el siglo XX una extraordinaria diversidad política, que comprende desde la temprana democracia liberal de Costa Rica a las persistentes dictaduras de El Salvador y Guatemala, pasando por la singular experiencia de la Revolución Sandinista de Nicaragua. Tras el fin de los conflictos armados, diversos análisis han enfatizado, por contraste con esa divergencia, la convergencia regional a finales del siglo XX en un modelo común de democracia liberal y neoliberalismo económico. Sin embargo, los sistemas políticos centroamericanos de la post-Guerra Fría no sólo resultan de trayectorias dispares, sino que han continuado exhibiendo también posteriormente diferencias notables en aspectos como el alcance de la democratización, la configuración de los sistemas de partidos o los niveles de participación electoral. El objetivo de esta tesis es explicar estas diferencias en los procesos de democratización y en la configuración de los sistemas políticos centroamericanos. De acuerdo con el argumento desarrollado en esta tesis, los procesos de democratización y la configuración de los sistemas políticos centroamericanos son producto de divergencias significativas en la resolución de tres coyunturas históricas críticas: (1) la Reforma Liberal y el inicio del desarrollo capitalista, entre mediados del siglo XIX y comienzos del XX; (2) la primera emergencia política de las clases subordinadas, entre los años 1930s y 1950s; y (3) la segunda emergencia política de estas clases, entre los años 1970s y 1990s. La diversa resolución de estas coyunturas críticas define tres trayectorias históricas específicas de lucha de clases caracterizadas por distintos modos de incorporación política de las clases subordinadas: (1) una trayectoria de incorporación reformista en Costa Rica y Honduras; (2) otra de incorporación revolucionaria en El Salvador y Nicaragua; y (3) otra de incorporación represiva en Guatemala. Cada una de estas trayectorias genera legados históricos específicos en los sistemas políticos resultantes. Los legados de estas trayectorias permiten, a su vez, explicar divergencias en la respuesta de los sistemas políticos a la nueva agudización del conflicto político a partir de los 1990s. A este respecto pueden observarse tres patrones diferenciados y acordes con las trayectorias históricas previas: (1) agotamiento y remodelación de los sistemas de partidos en Costa Rica y Honduras; (2) alternancia y acceso de la izquierda al gobierno en Nicaragua y El Salvador; y (3) remilitarización e involución autoritaria en Guatemala. A partir del análisis histórico comparativo desarrollado en la tesis pueden establecerse las siguientes conclusiones. En primer lugar, la temporización, modo y alcance de los procesos de democratización ha dependido de dos variables fundamentales: la polarización del régimen de acumulación y la relación de fuerzas entre clases. Los procesos de democratización se han iniciado cuando la despolarización del régimen de acumulación y el incremento del poder relativo de las clases subordinadas han situado el coste para la clase dominante de la represión necesaria para mantener la dictadura capitalista por encima del coste estimado de la democratización. Estas condiciones se reunieron en cada grupo de casos en distintos momentos históricos, lo que explica la diferente temporización de los procesos de democratización. La configuración inicial del régimen de acumulación en términos de su polarización condicionó la orientación de la lucha de clases hacia una dinámica democratizadora o, por el contrario, hacia una dinámica represiva-revolucionaria, lo que explica el carácter relativamente pacífico o violento de los modos de transición. Finalmente, el alcance de la democratización ha dependido fundamentalmente del poder relativo de las clases subordinadas: un mayor poder relativo ha permitido la culminación de procesos de transición a la democracia liberal, mientras que un menor poder relativo ha impedido el impulso de la democratización más allá de la semidemocracia liberal. En segundo lugar, la institucionalización y configuración de los sistemas de partidos ha dependido de la resolución de determinadas coyunturas críticas de emergencia política de las clases subordinadas y del modo de incorporación política de estas clases. El modo de incorporación reformista ha estado vinculado a la institucionalización temprana de sistemas de partidos centrípetos. El modo de incorporación revolucionario ha ido ligado a la institucionalización posterior de sistemas de partidos polarizados. Por último, el modo de incorporación represivo ha estado asociado al mantenimiento de un sistema de partidos fluido. En tercer lugar, los niveles de participación electoral han dependido del impacto de la represión y de aprendizajes históricos sobre la eficacia de la participación política. El contraste entre casos y entre episodios de represión política sugiere la existencia de una relación entre represión y movilización en forma de U invertida: la represión aplicada hasta un cierto umbral provoca una mayor movilización, pero a partir de ese umbral genera un efecto desmovilizador perdurable. Esta relación puede extenderse al comportamiento electoral: donde se ha evitado la represión o se ha contenido su impacto por debajo de ese umbral la participación electoral se ha mantenido elevada, mientras que donde la represión se ha situado por encima de ese umbral la participación electoral se ha mantenido baja. Además de la ausencia o contención de la represión, la participación electoral ha dependido también de aprendizajes históricos sobre la eficacia de la participación política. Donde se han realizado reformas o transformaciones revolucionarias efectivas la percepción de eficacia política ha podido alimentar la participación electoral, mientras que donde ha prevalecido la represión la percepción de ineficacia política ha podido resultar en una inhibición política aprendida que se manifiesta en abstención electoral