El papel de las emociones en la justificación de los juicios moralesuna propuesta emocentrista

  1. Cabezas, María del Mar
unter der Leitung von:
  1. María Carmen Velayos Castelo Doktormutter
  2. Peter Goldie Doktorvater/Doktormutter

Universität der Verteidigung: Universidad de Salamanca

Fecha de defensa: 14 von Dezember von 2012

Gericht:
  1. José María García Gómez-Heras Präsident
  2. Luciano Espinosa Rubio Sekretär
  3. Txetxu Ausín Díez Vocal
  4. Fernando Broncano Vocal
  5. María Belén Altuna Lizaso Vocal
Fachbereiche:
  1. HISTORIA DEL DERECHO Y FILOSOFÍA JURÍDICA, MORAL Y POLÍTICA

Art: Dissertation

Teseo: 335383 DIALNET

Zusammenfassung

La tesis plantea la posibilidad de incluir la dimensión emocional en el ámbito de la justificación de los juicios morales desde una perspectiva analítica y metaética, partiendo del cuestionamiento, por artificial, del par razón-emoción. Para ello, se realiza un análisis y crítica de las principales respuestas a la cuestión desde las perspectivas racionalistas y sentimentalistas clásicas. A continuación se centra el argumento principal en el concepto de daño y relevancia moral, mostrando la conexión de estos con la dimensión emocional y no solo con las capacidades cognitivas. Por último, se propone una vía intermedia para superar el subjetivismo solipsista de la primera persona y, con él, el riesgo de relativismo moral, por un lado, y el exceso de abstracción de la tercera persona, por otro, proponiendo, desde la segunda persona, una vía que, manteniendo el subjetivismo en el origen de los conceptos morales, permita la salida del yo, dando lugar a un subjetivismo de segunda persona. Así, a través de la lectura de las valoraciones intrínsecas de las emociones básicas, las cuales serían universalmente comprensibles y compartibles, se encuentra una manera de objetivar el daño moral, y, por ende, de poder justificar más allá del yo, por qué un juicio moral es entendido como injustificable. Como implicación de esto, se aboga por un criterio de relevancia moral centrado no solo en la capacidad de razonar, ni en la simple capacidad de sentir, sino en la capacidad de valorar algo como un daño, siendo por tanto merecedores de consideración moral al menos aquello seres que estuvieran provistos de un repertorio emocional básico, lo que tendría claras consecuencias para la ética aplicada.