El papel de las emociones en la justificación de los juicios moralesuna propuesta emocentrista

  1. Mar Cabezas
Supervised by:
  1. María Carmen Velayos Castelo Director
  2. Peter Goldie Director

Defence university: Universidad de Salamanca

Year of defence: 2012

Committee:
  1. José María García Gómez-Heras Chair
  2. Luciano Espinosa Rubio Secretary
  3. Txetxu Ausín Díez Committee member
  4. Fernando Broncano Committee member
  5. María Belén Altuna Lizaso Committee member

Type: Thesis

Teseo: 335383 DIALNET

Abstract

La tesis plantea la posibilidad de incluir la dimensión emocional en el ámbito de la justificación de los juicios morales desde una perspectiva analítica y metaética, partiendo del cuestionamiento, por artificial, del par razón-emoción. Para ello, se realiza un análisis y crítica de las principales respuestas a la cuestión desde las perspectivas racionalistas y sentimentalistas clásicas. A continuación se centra el argumento principal en el concepto de daño y relevancia moral, mostrando la conexión de estos con la dimensión emocional y no solo con las capacidades cognitivas. Por último, se propone una vía intermedia para superar el subjetivismo solipsista de la primera persona y, con él, el riesgo de relativismo moral, por un lado, y el exceso de abstracción de la tercera persona, por otro, proponiendo, desde la segunda persona, una vía que, manteniendo el subjetivismo en el origen de los conceptos morales, permita la salida del yo, dando lugar a un subjetivismo de segunda persona. Así, a través de la lectura de las valoraciones intrínsecas de las emociones básicas, las cuales serían universalmente comprensibles y compartibles, se encuentra una manera de objetivar el daño moral, y, por ende, de poder justificar más allá del yo, por qué un juicio moral es entendido como injustificable. Como implicación de esto, se aboga por un criterio de relevancia moral centrado no solo en la capacidad de razonar, ni en la simple capacidad de sentir, sino en la capacidad de valorar algo como un daño, siendo por tanto merecedores de consideración moral al menos aquello seres que estuvieran provistos de un repertorio emocional básico, lo que tendría claras consecuencias para la ética aplicada.